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Ganaderias y secano

Hasta bien entrado el siglo XVIII se mantiene un modelo dual, basado en los regadíos de ladera y una explotación extensiva del "campo" (los llanos litorales y prelitorales de depósito sedimentario), con ganadería transhumante que aprovecha los pastos. La peligrosidad de este terreno, frontera de moros en la terminología de la época, explica la falta de asentamiento de población, y la existencia de una gran superficie de terreno para el aprovechamiento del pasto y el monte. La Mesta del reino de Granada hereda rutas y equipamiento pecuario califal, creando una infraestructura de pozos y aljibes ganaderos que sirve de base a estos movimientos de ganado, que desde las sierras circundantes, se dirige a pasar el invierno a los "invernaderos"de la costa (Campillos de Gata, el Genovés, Escullos, y las Estancias de Rodalquilar y Agua Amarga).

A mediados del siglo XVIII, la fortificación de la costa por Carlos III y la disminución de la inestabilidad geopolítica de esta parte del Mediterráneo abren paso a la ocupación humana mediante un sistema de pequeños núcleos de población y cortijadas que ocupan los secanos y los enclaves de huerta litoral y prelitoral. No sin conflictividad respecto a la ganadería, este modelo de asentamien to agrícola en zona árida se generaliza a lo largo del siglo XIX. Los aljibes para recoger la escorrentía superficial esporádica y el aterrazamiento de los terrenos son el centro de la estrategia humana de ocupación del territorio. Norias y molinas contribuyen a la creación de enclaves irrigados, allí donde se localizan pequeños acuíferos cercanos a la superficie. Este modelo, basado en soluciones de la hidráulica tradicional, permanece a la espera de que grandes infraestructuras hidráulicas liberen a la zona de su escasez de agua. Pero esta espera se prolongará hasta la segunda mitad del siglo XX.